Algunos mitos y verdades sobre la lactancia materna

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Como mamíferos que somos los humanos, al nacer, nos alimentamos de leche materna, a través del proceso de lactancia, al igual que el resto de los animales mamíferos, es decir, de aquellos dotados de mamas, con el fin de proveer alimento inicial a sus crías.

Visto como algo natural, durante centurias, a mediados del siglo pasado comenzaron a producirse en la sociedad ciertas teorías y prácticas, que vinieron a distorsionar el hecho natural de alimentar a través de la lactancia a los bebés recién nacidos. Cuentos de terror sobre cómo afectaba la salud estética de la madre, cómo el niño no se nutría lo suficiente y en qué manera la lactancia rompía la intimidad de la pareja fueron sólo algunas de las historias surgidas, al parecer con el único fin de colocar a la leche de fórmula como la panacea de todos los males.

Desafortunadamente, durante décadas los mismos pediatras le aconsejaban a las madres recién estrenadas sustituir la leche naturalmente producida por ellas con suplementos artificiales a base de leche de vaca, produciendo daños en la salud de los niños, los cuales saldrían a la luz, años después, durante su vida adulta. Hoy en día eso ha quedado atrás, y la importancia de la lactancia materna como fuente de nutrientes y anticuerpos ha sido recordada y tomada en cuenta nuevamente, siendo incluso protegida por las mujeres actuales como un derecho humano de sus hijos e hijas a una alimentación saludable. Así la leche de fórmula comienza a ser la última opción, a la cual recurrir sólo en momentos extremos.

Sin embargo, esta información no ha llegado a todas las mujeres, las cuales –estén viviendo la lactancia o no- aún tienen en su saber cientos de mitos con respecto a este acto natural de alimentación. Es por esto que en esta oportunidad queremos ofrecer algunos de ellos, así como su contraste con la realidad, a fin de que cualquiera que lea estas líneas pueda tener la información necesaria para asumir la lactancia con conocimiento, pudiendo dejar atrás algunos cuentos fantásticos sobre amamantar a un bebé. A continuación algunos de los mitos más repetidos sobre la lactancia:

¿Quiénes pueden amamantar?

Uno de los mitos más comunes con los cuales se quiere convencer aún en día a las mujeres es que algunas madres sí pueden amamantar, y otras no. De acuerdo a la opinión de los expertos es casi imposible que una madre, que ha llevado en su vientre por nueve meses a un bebé, no sea capaz de producir leche, pues su cuerpo se ha estado preparando para tener a su hijo y poder alimentarlo, por lo que ha pasado por cientos de procesos físicos y químicos para este momento. Así se trata de un proceso natural, al igual que le sucede al resto de mamíferos.

¿Cuánta leche debe dársele a un bebé?

Igualmente existe el mito de que al bebé hay que darle cada ciertas horas el pecho, por cada cierto tiempo. Esta sentencia también constituye un mito, pues lo adecuado es que la lactancia se proporciones a libre demanda, lo cual traerá beneficios a corto y largo plazo, tanto para la producción de leche –pues entre más se estimulen las glándulas mamarias, más leche se producirá- así como para el bebé y su nutrición.

Primero de un pecho, y luego del otro

Así mismo existe la creencia popular de que se debe dejar al bebé tomar de un pecho durante un tiempo determinado y pasarlo al otro, antes de que esté muy lleno para tomar de los dos. No obstante, según la opinión de los expertos hay que dejar que sea el bebé el que decida en qué momento separarse del primer pecho, pues éste le brindará dos tipos de leche, la del principio: un poco más diluida, y la del final: rica en grasas. De esta forma si apartas al niño del primer pecho antes de tiempo, lo estarás privando de esta última leche, la cual constituye un gran aporte de calorías para el bebé. No importa si toma solo de un pecho, y queda satisfecho, en la próxima toma puedes ofrecerle el próximo.

¿Produciré suficiente leche o no?

Otra de las grandes preocupaciones, que lleva a ciento de mujeres a darles a sus hijos e hijas suplementos nutricionales, que a la larga producen daños a la salud, es si estará produciendo o no la cantidad suficiente de leche. En este sentido los expertos afirman que el cuerpo de la madre, al momento de tener al bebé, produce la leche para alimentarlo, cuya producción aumentará a medida de que el bebé incremente su demanda, pues al estimular las glándulas mamarias, estas responderán produciendo leche. Así, si se lleva una lactancia adecuada y frecuente, el bebé tendrá el alimento que requiere.

Este mito a veces también se ve reforzado por la poca cantidad de leche que la madre logra sacar de sus senos de forma artificial y con mucho esfuerzo. No obstante es necesario aclarar que nunca la madre podrá sacar de sus pechos la misma cantidad que puede lograr un bebé amamantándose. De igual forma hay que aclarar que si el bebé succiona el pecho de la madre, sin quejarse, es porque está adquiriendo su alimento, por lo que un bebé amamantándose tranquilo, sin llorar, es la mejor señal de que los pechos de su madre están suministrándole su alimento.

¿Será de buena calidad mi leche?

De igual forma, sobre todo entre las madres primerizas, surge la inquietud de si la leche que le proporciona a su bebé será suficiente para nutrirlo. En primer lugar hay que recordar que por muchos avances que haya logrado nuestra civilización, reproducirse es un hecho ligado a nuestra naturaleza, de esta manera el cuerpo de la mujer está dotado para dar vida, y alimentarla. De hecho algunos estudios científicos han podido comprobar que aún en mujeres desnutridas, la leche producida para sus hijos era de buena calidad. Por lo que no debes preocuparte, tu cuerpo hará lo necesario para sacar de tus reservas, a fin de garantizarle al bebé una buena alimentación.

Amamantar afectará mi cuerpo

Por otro lado, hay mujeres que se aterrorizan en torno a los mitos que existen sobre si amamantar alterará para mal la forma de sus pechos o el resto de su cuerpo. Se ha demostrado que practicar la lactancia materna, además de crear un vínculo de por vida entre madre e hijo, no afecta la elasticidad o fortaleza del músculo mamario, que a fin de cuentas es el que hará que tu busto luzca firme o caído. Por el contrario durante la lactancia los senos tienden a aumentar de tamaño, por lo que lucirás un poco más voluptuosa. Así mismo se ha demostrado que dar pecho después del parto incentiva a que tu cuerpo consuma todos esos kilos de más que acumuló durante el embarazo, por lo que se podría casi afirmar que dar pecho adelgaza.

Dar pecho crea niños dependientes

Otro de los mitos más preocupantes sobre la lactancia materna es aquel que dicta que promover esta actividad natural entre madre e hijo afectará psicológicamente al bebé haciéndolo un niño llorón, dependiente y sin posibilidad de conciliar el sueño. Nada más lejos de la realidad. Por su puesto la demanda de atención de un recién nacido es sumamente exigente, pues se trata de un individuo inmaduro que se encuentra adaptándose a un medio desconocido, y que por ende necesita sentir la seguridad que le brinda su madre, ya que es el calor y la voz que conoce desde que estaba en el vientre. De esta forma, amamantar, cargar a tu hijo, practicar el colecho, alzarlo en brazos las veces que sea necesario, entre otras prácticas de la crianza con apego, lejos de malcriar a tu hijo, hará que éste crezca sintiéndose amado y desarrollando seguridad en sí mismo, por lo que no estarás criando seres dependientes e inquietos, sino humanos con personalidad, empatía, amor y seguridad.

Por último te aconsejamos –si estás embarzada o acabas de dar a luz- que busques en tu comunidad algunos grupos de madres que brinden apoyo durante la lactancia, ya que la compañía y la información adecuada son vitales en esta etapa, si es la primera vez que te enfrentas a ella.

Fuente de imagen: noticiaaldia.com

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