Biografía de Joan Miró

Joan Miró i Ferrà (Barcelona, España, 20 de abril de 1893 – Palma de Mallorca, 25 de diciembre de 1983). Pintor, escultor, ceramista, grabador y quizás uno de los más relevantes representantes del Surrealismo, vanguardia artística que se desarrolló en Europa, durante las primeras décadas del siglo XX.

Primeros años

De acuerdo a sus biógrafos, Joan Miró i Ferrà nació en la ciudad de Barcelona, específicamente en el pasaje de Crédito, el 20 de abril de 1893, convirtiéndose en hijo del orfebre y relojero Miquel Miró i Adzeires y su esposa Dolors Ferrà i Oromí, quien también era descendiente de una familia de ebanistas, así como en hermano de la primera hija de la pareja, Dolors.

Estudios Académicos

A pesar que desde muy temprana edad, Miró era consciente de que le interesaba y apasionaba la pintura, no quiso contrariar a su padre, quien lo instó a estudiar Comercio, con la intención de procurarle una carrera con la cual poder ganarse la vida. Sin embargo, el padre de Miró, complacido por el ingreso de su hijo a los estudios comerciales, le permitió también ingresar en el turno nocturno de la Escuela Lonja, a fin de que su hijo estudiara dibujo, puesto que consideraba que era un hobby inocente.

De esta forma, Miró entró en contacto por primera vez con lo que sería su gran pasión: la Pintura, teniendo también la oportunidad de conocer y dejarse guiar por maestros de la talla de Josep Pascó o Modest Urgelly, influencias que según sus estudiosos pueden verse de forma clara en los dibujos de aquella época, datados aproximadamente en el año 1907, y que afortunadamente reposan en resguardo de la Fundación Miró.  Igualmente, este futuro artista tuvo la oportunidad de entrar en contacto con las tendencias y movimientos artísticos que se desarrollaban alrededor del mundo. En paralelo continuaba con sus estudios formales.

Decisión de dedicarse a la Pintura

Al cumplir los 17 años, Miró complació a su padre, graduándose de Comercio. Ese mismo año (1910) consiguió trabajo en una Farmacia, en donde se mantuvo por dos años hasta contraer una grave enfermedad, que lo hizo retirarse del empleo y dirigirse a Montroig, pueblo español donde su familia tenía una propiedad, a fin de recuperarse. Después de un tiempo, regresó  a su Barcelona natal, trayendo consigo una firme decisión: dedicarse a la Pintura, circunstancia a la que su padre aceptaba, no del todo feliz, pero sin representar una férrea oposición.

De esta forma, cónsono con sus deseos y en aras de continuar con la formación iniciada en la Escuela Longa, se matriculó en la Academia de Arte, que tenía el honor de ser dirigida por el propio Francesc d’Assís Galí, y en donde Miró permanecería por cerca de tres años, hasta 1915, cuando la Academia tuvo que cerrar, no sin antes haberle ofrecido la oportunidad a este futuro surrealista de conocer las tendencias artísticas que recorrían Europa. Así mismo, durante estos años, Miró estudió dibujo natural, de mano del Círculo Artístico de Sant Lluc, al que asistió Miró, teniendo la oportunidad de conocer a artistas de la talla de Francesc d’Assís Galí o Josep Llorens i Artigas, artistas con quien el 28 de febrero de 1918 fundaría el primer grupo artístico al que pertenecería Miró: la Agrupación Courbet.

Viaje a París

De acuerdo a sus críticos, durante esta época, la obra de Miró reflejaba una gran influencia cubista y fauvista, en donde los temas centrales eran los paisajes, los desnudos y por su puesto los retratos. Sin embargo, todo cambiaría a partir del año 1919, cuando Miró, ya con 26 años, decide a viajar a París, en donde el destino lo cruza con Jaocob, Picasso y el propio Tristan Tzara, mostrándole de primera mano los pasos que el Dadaísmo andaba en ese momento.

En los meses siguientes, Miró pasó temporadas en la capital francesa y en la localidad de Most-roig, eventualmente su trazo comenzó a experimentar cambios profundos, los cuales se situaron especialmente en una forma mucho más definida, así como en una percepción de la luz mucho más consciente por parte del artista, quien empezó a experimentar con ella. Durante esta época aparece también un cambio de tema, pues se aleja de los ya conocidos, para dejar que en su lienzo entren temas de tipo más onírico e incluso espectral, propios de sus raíces culturales.

Ingreso al Surrealismo

Sin embargo, sería finalmente en 1924, a la edad de 31 años, que Joan Miró firmó el Manifiesto Surrealista, incorporándose activamente al movimiento y su expresión, y convirtiendo su pintura rasgos de esta vanguardia, como el signo caligráfico o el propio jeroglífico. Así mismo, incluiría dentro de sus dibujos una configuración lineal y un fuerte uso de campos cromáticos, sin perder el uso de atmósferas etéreas, rasgos estos que son atribuidos por los críticos a la influencia que tuvo P. Klee, en la obra de este artista.

Llegada del reconocimiento

Luego de una carrera de casi diecisiete años, así como de una incansable dedicación al estudio de las Artes, finalmente llegó la hora del reconocimiento internacional para la obra de Miró, el cual estuvo marcado por la decisión del Museo de Arte de Nueva York, de adquirir en 1928, dos telas de este artista, a fin de incluirla dentro de su colección, hecho que era considerado todo un honor, pues el centro de las Artes, para ese momento, cada vez se situaba más en esta ciudad estadounidense que en la misma ciudad de la luz, París.

Matrimonio

Al año siguiente, a la edad de 36 años, Joan Miró contrajo matrimonio con Pilar Juncosa, en una ceremonia llevada a cabo el 12 de octubre de 1929, en la ciudad de Palma de Mallorca. De inmediato, la pareja viajó directamente a París, con la intención de instalarse, tal como lo hicieron, en un departamento, donde también funcionaba el taller del artista. Dos años después, en 1931, nació la primera y única hija de la pareja, a quien llamaron Dolors, en honor a la madre de Miró. Durante ese tiempo, Miró se dedicaba a la pintura, teniendo un contrato con Pierre Loeb, quien fungía como su marchante.

Regresos a Barcelona

No obstante, una vez terminó el contrato, Miró se sintió libre para regresar con su familia a Barcelona, en donde compartía estadías en Montroig y Mallorca. Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil Española en el año 1936, lo hizo decidirse regresar a París. No obstante, las cosas en tierras francesas tampoco iban de lo mejor, pues las tensiones previas al estallido de la Segunda Guerra Mundial iban en ascenso, empero consiguieron instalarse en una casa ubicada en Varengeville-sur-mer, costa de Normandía. Para Miró este sitio resultaba ideal para desarrollar su pintura, pues le permitía tener contacto directo con la naturaleza. En 1940, la soledad y la situación propia de Francia, hacen que la pareja decida regresar a Cataluña, de la cual parten después de algunos meses, rumbo a Mallorca, y finalmente en 1942, Miró regresa con su familia a Barcelona.

Evolución de la Pintura

De acuerdo a lo que han indicado algunos de sus críticos, durante esta época de vida compartida entre Francia y España, Miró experimentaba fuertes conflictos con su obra, lo cual se reflejaba en resultados claramente dicotómicos, los cuales por un lado mostraba el desagarro y el dolor, producto de la violencia, y por otro escenarios etéreos. División que con el tiempo se fue resolviendo hacia una abstracción conceptual, caracterizada por una pintura mucho más esquemática, rasgos que duraron también poco tiempo, para dejar surgir una serenidad profunda, inundada de una simbología que apuntaba a la ingenuidad, que se acercaba a la felicidad, lo que para muchos es sinónimo de una marcada renovación espiritual.

Otras técnicas

Así mismo, a partir de 1944, Joan Miró sintió la necesidad de ampliar los límites del lienzo, iniciándose en la técnica del grabado y de la cerámica. De igual forma, entre 1950 y 1960 este artista se dio a la tarea de experimentar también con la técnica del mural, realizando obras de gran tamaño, con las cuales se vistieron paredes en distintas latitudes como París (en la sede de la Unesco); Estados Unidos (en la Universidad de Harvard) e incluso la propia Barcelona (en el Aeropuerto de la ciudad).

Junto a estas tres técnicas, que venía a sumarse a su Pintura, también se notó una incursión en artes como la Escultura, en donde trabajó profundamente con el bronce, como material primo. También, durante esos años, Miró experimentó con la técnica de los collages, e incluso con la elaboración de tapices, mostrando una gran inquietud como artista de manejar otras técnicas expresivas, en las cuales plasmar sus pulsiones, en donde siempre pudo quedar de manifiesto el deseo por “matar” de forma constante las formas convencionales del Arte, a fin de propiciar el surgimiento de una mucho más diáfana y genuina.

Fundación Miró

A partir del año 1975, este artista barcelonés se centró en uno de sus más ambiciosos proyectos: la creación de un centro artístico y cultural, el cual se dedicara en su Barcelona natal a difundir, entre los jóvenes artistas y el público en general, las nuevas tendencias que iba siguiendo el Arte contemporáneo en el mundo. Fue así como surgió entonces la Fundación Joan Miró, la cual abrió sus puertas, gracias a la donación de algunas de las obras de su fundador.  No obstante, esta institución no fue la única en beneficiarse directamente de la colaboración de Miró, puesto que algunos centros artísticos como el propio MOMA de Nueva York y el Museo Reina Sofía, de Madrid tuvieron la fortuna de verse favorecidos por las donaciones de este artista.

Últimos años

Durante sus últimos años, Miró siguió dedicado a su obra, así como al trabajo de la Fundación Miró. Finalmente, el 25 de diciembre de 1983, a la edad de 90 años, falleció en Palma de Mallorca, en su casa, rodeado por sus familiares y amigos, luego de algunos días de agonía, en los que su salud se deterioró rápidamente. Sus restos fueron llevados a Barcelona, donde fueron inhumados en el cementerio Montjuic, en el panteón familiar.

Imagen: wikipedia.org

Biografía de Joan Miró
diciembre 12, 2016
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