El miedo desde la mística revolucionaria

El miedo es totalmente una ilusión. Por el contrario, el valor real es eterno; no es del tiempo ni de la mente y cuando en verdad se adquiere, jamás desaparece. Este mundo está lleno de horribles peligros, grandes riesgos y terribles tragedias que se suceden todo el tiempo, con o sin nosotros. Por ende, urge a toda costa fortalecer la mente, despertando y desarrollando las virtudes de la paciencia y el valor.

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Entonces, a la hora del peligro, la Consciencia obrará con suprema valentía, con un coraje divinal y un aplomo de guerrero. Por lo general, en la mayoría de gente, los defectos psicológicos que constituyen la mente son quienes actúan ante una circunstancia similar, cometiendo gravísimos errores porque todos esos elementos psíquicos que nos mantienen dormidos, forman parte de las legiones del miedo.

En esta vida colmada de temibles olas peligrosas, uno debe ser un guerrero completo que se asemeja a una gigantezca piedra a la orilla del mar, pues cuando las olas se estrellan contra ella, ésta permanece sólida e inquebrantable. Así es como un guerrero de la Luz debe enfrentar todas las situaciones complicadas para salir triunfante.

En los instantes peligrosos, un guerrero no tiembla de miedo jamás. Tampoco, experimenta ninguna clase de pena o timidez, ni mucho menos se deja desesperar o derrotar. Sino que con una sonrisa encara al peligro y dificultades, permanece sereno e impacible y el éxito en la batalla no se hace esperar.

No hay nada peor que atormente al corazón que el miedo. Es la causa caussorum del sufrimiento humano y el resorte secreto del deseo egoísta. Un guerrero de la Consciencia lucha por cultivar una existencia llena de virtudes y eso solo lo puede lograr con la devoción a Dios más allá de una religión, practicada de momento en momento. Por ende, se dedica a servir y a desarrollar amor por todas las criaturas, a la meditación profunda y trascendental y a ejercer el sacerdocio de la Naturaleza. Un guerrero de esa clase, es temido incluso por el mismísimo señor de la muerte y el terror resulta todo un chiste del que se ríe a carcajadas.

No hay duda de que el miedo es el directo culpable del fracaso y la derrota. Un cobarde atacado por sus miedos queda de inmediato sumido en la vulnerabilidad y hasta puede que pierda la vida antes de lo escrito en la línea del destino o lo que es peor, coadyude a eliminar las vidas e integridad de quienes ese hallen bajo su cuidado.

El corazón de un guerrero jamás decae por la ilusión de sus miedos fantasiosos. Siempre goza de una autoconfianza sostenida y una fe inquebrantable en Sí Mismo.

¿Qué es el miedo?

El miedo original es una sensación mental ocasionada por el peligro inminente contra la vida. En esas circunstancias la cara se empalidece, los músculos tiemblan, especialmente las rodillas porque son un centro energético vital. Puede llegar a ser tan impactante el susto que el pulso cardiaco se puede detener y se pierde el control de los esfínteres, ocasionando la pérdida involuntaria de materia fecal y orina. También, la expresión queda totalmente inerte, con incapacidad de hablar o moverse.

El motivo principal del miedo es la ignorancia. Es desconocer las leyes del Universo y los métodos concretos para trascenderlas. Dicho en otras palabras es ignorar que la Divinidad mora en cada uno de los seres humanos. Y fue hace millones de años cuando comimos del árbol prohibido, el cual es el orgasmo o eyaculación, cuando quedamos sumidos en la más nefasta ignorancia, identificados al máximo con nuestros cuerpos y obviamente apegados a los mismos.

En ese sentido, el cuerpo se convirtió en la herramienta número uno para la auto satisfacción sensorial y es por ello que tememos seriamente que nos enfermemos, porque se nos acabarían las dichas y hacemos hasta lo imposible por conservar la máquina humana.

El hecho de sentirse inferior, corresponde a otro de los detallitos del miedo. Tal emoción negativa genera una total inseguridad y ausencia de la confianza en Sí. En efecto, se auto considera incapaz y le teme a quienes estima por superiores, porque supuestamente son más talentosos, poderosos o hábiles.

Dentro de las diversas y múltiples causas del miedo en un individuo, se resaltan aquellas que se relacionan con problemas físicos como malformaciones en el cuerpo, incapacidades motoras, alguna clase de retraso mental o la educación violenta y agresiva en la infancia.

Sin importar cuáles fuesen sus causas o efectos, en cualquier momento de la vida, la única vía de liberación definitiva del miedo en todas sus fasetas, es reconocer plenamente a la poderosa Presencia Divina que cada ser lleva en su corazón; ser consciente del Dios Interior. Sólo la devoción continua y sostenida en ese Espíritu Interno, nos desarrollará la confianza necesaria en Sí mismo, con la que el miedo quedaría convertido en polvareda cósmica.

Escrito por: Diego Felipe Baquero R.

El miedo desde la mística revolucionaria
abril 1, 2015
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