El trabajo de decapitar personas

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Los verdugos son los individuos encargados de ejecutar las penas dictadas contra algunos prisioneros, bien sea religiosos, políticos, militares, del  Estado o algún imperio. Desde la antigüedad han prestado sus servicios con diferentes modalidades; actualmente, aparte de la silla eléctrica también hay quienes se dedican a la profesión de verdugo, decapitando personas.

La espantosa pena de muerte

Se ha visto principalmente en Oriente Medio, donde las guerras religiosas y el terrorismo mundial se han proliferado y agudizado. En Arabia Saudita se usa la modalidad de la pena de muerte, ejecutada por funcionarios religiosos que ejecutan a los condenados, quienes además no reciben un sueldo digno. Defensores de derechos humanos de diferentes latitudes, han repudiado estos sistemas, pues muchos ciudadanos y extranjeros mueren de forma espantosa a causa de estas leyes radicales.

Son escasos los sujetos que se dedican a este trabajo de decapitar personas. En el reino saudita siempre se busca esta clase de funcionarios, pero con muy poco éxito, por lo que se ven forzados en distintos escenarios, a emplear el método del fusilamiento, reemplazando las decapitaciones acostumbradas, pues no se cuenta con el personal capacitado para tales fines, últimamente.

El trabajo de un verdugo

Abdallah Al-Bishi es el verdugo oficial de Arabia Saudita destinado para la Meca. Cuenta que su padre también se dedicó a este trabajo y que desde que inició con su empleo, le ha quitado la cabeza a cientos de personas, muchos de ellos fueron sus amigos, pero argumenta que lo merecían por haber cometido delitos. Aunque su trabajo no es solo decapitar, sino también aplicar torturas como cortar manos, piernas o alguna parte del cuerpo a un ladrón o sentenciado a una pena menor que la muerte, según ellos, porque así lo indica el Corán.

Abdallah también comenta que no siente ninguna clase de remordimiento por sus víctimas. “Si sintiera compasión por la persona a la que ejecuto, esta persona sufriría. Si el corazón es compasivo, la mano falla. Puedo necesitar dos, tres, cuatro o cinco golpes. Dios sabe cuántos. Y aun así puede que no muera. Si el corazón es compasivo, la mano no puede funcionar correctamente. Tu mano te traiciona», añadió el verdugo.

A todos los verdugos de oriente que se han entrevistado, aseguran que sus vidas trascurren común y corriente y no se afectan por las características de su trabajo. «Una vez cumplida la misión, me siento aliviado. Llego a casa relajado. Puedo jugar con los niños. Nos divertimos. Comemos. A veces salimos. Otras veces, nos quedamos en casa. Todo es normal. No tiene efecto en mí», agregó Al-Bishi, quien lleva a su hijo a ver algunas decapitaciones.

Asesinos legales

Abdallah Ahmad Al-Bakhit, otro verdugo al servicio saudí, comenta que sus víctimas preferidas son los hombres puesto que considera que cortar la cabeza de una mujer es mucho más difícil, aunque se hallen cubiertas por completo.

Ahmad dijo en un programa televisivo que primero procede marcando una pequeña abertura en la parte del cuello. Dice que un verdugo con experiencia debe atinarle preciso a esa abertura. Si el golpe de espada golpea más abajo, entonces es un mal ataque. Pero si cae por encima de la marca, el golpe cae en la cabeza que está cubierta y le ocasiona mucho dolor al condenado.  “Lo hice tres veces y fue muy bien, gracias a Dios”, detalló.

Estos hombres que se dedican a tan polémico oficio, consideran que no sólo están trabajando para el gobierno, sino principalmente para Dios, a quien le piden constantemente que sus decapitaciones salgan exitosas y no provoque tanto dolor en las víctimas. Matar se les ha convertido en una actividad normal y religiosa.

Por ejemplo, Al-Bishi confiesa que hay días en que debe decapitar hasta seis personas al mismo tiempo y que no le interesa si son dos, cinco o diez, pues dice que se encuentra cumpliendo con los mandatos de la Divinidad.

Imágenes:rt.com

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