Historia de la imprenta

En el ámbito editorial, se conoce con el nombre de Imprenta a una máquina, cuyo método mecánico se enfoca en la reproducción de textos o imágenes, en soportes físicos, los cuales por lo general están constituidos por papel o tela.


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Descripción de la Imprenta

Basándose en su forma más antigua y artesanal, la Imprenta puede ser descrita como un tipo de prensa, al cual se le asignan un grupo de piezas metálicas, cada una poseedora de un tipo o letra en relieve, sobre las que se aplican tinturas de tipo oleosas, antes de transferirlas a un papel, a través de la aplicación de presión. Hoy en día este método ha quedado un poco atrás debido a los grandes avances tecnológicos, sin embargo los impresores modernos están totalmente conscientes de la gran deuda que tienen con la imprenta tradicional, la cual constituyó en su momento el motor de una gran revolución cultural que se expandió por todo occidente, desde Europa.

Historia de la Imprenta

Como todo abordaje histórico completo, la Historia de la Imprenta debe ser analizada desde sus antecedentes, a fin de poder ver cómo las distintas culturas del mundo, algunas en diferentes tiempos otras en paralelo, trabajaban en pro de concebir un medio que agilizara la impresión de textos o imágenes, ejercicio que hasta el momento de la invención de la imprenta era hecho exclusivamente a mano, sobre todo en el área editorial, lo cual hacía del oficio de elaborar un libro una tarea que podía extenderse por años y que resultaba tan costoso que sólo algunos pocos podían acceder a él.

En este sentido, se hace pertinente analizar la Historia de la Imprenta entonces en etapas, división que facilitará la comprensión de cada uno de los momentos que constituyen la evolución de este invento. A continuación, las fases de la creación de la Imprenta:

Roma, primer antecedente

Aun cuando no fue hasta la edad media que Europa inventara la imprenta occidental, los romanos habían marcado precedente a nivel de impresión, cuando alrededor de los años 440 a.C. esta civilización concibió la fabricación de unos sellos, que lograban imprimir sobre tablas de arcilla, hasta una hoja de inscripciones, facilitando así la reproducción de ciertos documentos, hecho que resalta como un importante antecedente en la historia de la Imprenta.

China, primera imprenta de tipos

No obstantes, serían los chinos –que también se destacan por haber inventado el papel- quienes para el año 1041 crearon la primera imprenta de tipos móviles. De acuerdo a lo que reseñan las fuentes históricas el invento nació de la capacidad creadora de un hombre llamado Bi Sheng, quien se dio a la tarea de crear complejas piezas de cerámica, en las cuales se tallaban los elaborados caracteres chinos, estas piezas eran sustituibles, por lo que no sólo constituyen los primeros tipos, sino los primeros tipos móviles. Sin embargo, la gran cantidad y dificultad de la tipografía china hacía que la utilización de este invento fuese sumamente difícil.

Korea, tipos móviles metálicos

Por su parte, doscientos años después, aproximadamente durante el año 1234, algunos artesanos pertenecientes a la dinastía Koryo se dieron a la tarea de copiar la técnica de impresión creada por Bi Sheng y empleada por los chinos, sólo que en lugar de fabricar los tipos en base a cerámica, estos creadores desarrollaron tipos móviles metálicos, convirtiéndose en el predecesor más cercano de lo que sería la imprenta occidental. No obstante, a diferencia de Occidente, fue un método que en principio no fue muy utilizado.

La imprenta de Gutenberg

De acuerdo a lo que indica la Historia Universal, hasta el año 1450 la hechura de libros se hacía a través de la transcripción manual, la cual era elaborada por amanuenses, que se entregaban a la copia textual de caracteres e imágenes, sin ni siquiera contar con la necesidad de saber leer o el contenido de lo que transcribían, pues se trataba simplemente de copiar tal cual la serie de signos textuales y gráficos. Por lo general este oficio era designado a religiosas y religiosos de claustro, que veían en esta tarea una fuente de ingresos. Así mismo, el estilo editorial que se generó durante la Edad Media, en donde la letra capitular se colocaba de gran tamaño, asignándole distintos ornamentos, fue también una decisión estilística que fue extendiéndose en los copistas, los cuales adornaban esta letra con los motivos que mejor le parecieran.

Posteriormente, los impresores comenzaron a implementar la técnica de la xilografía, la cual les permitía reproducir de forma rápida, práctica y profesional algunas piezas publicitarias, etiquetas, e incluso algunos trabajos textuales, pero de corta extensión. No obstante,  aun cuando constituía un método moderno y eficiente, el desgaste del molde no permitía hacer muchas copias de un solo tiraje.

Es en esta época en donde los historiadores ubican a Johannes Gutenberg (leer más en Biografía de Johannes Gutenberg) orfebre alemán, quien decidió emprender la tarea de encontrar un método que le permitiera poder reproducir varias copias de la Biblia, en la mitad del tiempo en que el amanuense más diligente podía copiar una. Para cumplir con su tarea, Gutenberg decidió pedir dinero al prestamista Johann Fust, a fin de financiar el proyecto al que dedicaría el resto de su vida, y que traería para Europa uno de los mayores cambios culturales.

Gutenberg comenzó por corregir algunos defectos de la Xilografía. En este sentido sustituyó los moldes de madera, que tendían a desgastarse, prefiriendo un material duradero. De esta forma, Gutenberg decidió elaborar pequeños moldes de madera, donde cada uno representaba una letra del alfabeto, posteriormente llenó los moldes con plomo fundido y lo dejó secar, creando así los primeros tipos móviles que nacieron de manos occidentales. Sin embargo, un molde por cada letra no conducía a nada, por lo que este orfebre tuvo que hacer el mismo ejercicio cerca de 150 veces por cada carácter. De igual forma, creó un sistema de soporte para estos tipos, a fin de que sujetara los tipos, garantizando su movilidad. Así mismo, unió este soporte a una prensa, la cual permitía la fácil movilidad de los tipos, entre impresión e impresión. Había creado la Imprenta.

No obstante, todavía  le quedaba por cumplir con la promesa de elaborar 150 Biblias, pero el gran esfuerzo y tiempo lo habían dejado sin dinero, por lo que se vio obligado a recurrir nuevamente a Johann Fust, quien esta vez se integraría a la tarea de Gutenberg como accionista, al tiempo que encomendaría a su sobrino Peter Schöffer, para que velara y ayudara al orfebre en su empresa.

Dos años después de esto y a punto de terminar con su misión, las finanzas de la empresa volvieron a estar en números rojos, sin embargo Fust no amplió el crédito de Gutenberg, sino que decidió continuar sólo con la impresión de las Biblias, contando además con el conocimiento que su sobrino Peter Schöffer había aprendido directamente del creador de la Imprenta, Johannes Gutenberg, quien tuvo que retirarse del negocio totalmente arruinado. Por fortuna, su amistad con el Obispo de la ciudad lo protegió de la mendicidad, pues este clérigo lo recogió en su casa. Lamentablemente, la suerte no le brindó la oportunidad de disfrutar la gloria que debería suponer un invento de esta magnitud.

En cuanto a las Biblias, en efecto,  Peter Schöffer cumplió su cometido, terminando la impresión de las primeras ciento cincuenta biblias, las cuales fueron vendidas a las personalidades religiosas y de la nobleza, creando una verdadera conmoción. De inmediato, los pedidos empezaron a llegar de todos lados, así como los impresores se interesaron en imitar este novedoso método que reducía asombrosamente la capacidad y velocidad de reproducción de los libros impresos. A partir de entonces el mundo cambiaría radicalmente.

Imagen: pixabay.com

Historia de la imprenta
noviembre 13, 2016

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