La pena de muerte

La pena de muerte, o también conocida como pena capital es la ejecución de una persona que haya cometido determinados delitos. El presente ensayo sobre la pena de muerte tiene como objetivo, más que proporcionar estadísticas sobre los países que la hubieran aplicado, o cuales aplican la pena de muerte en la actualidad, presentar una perspectiva personal al respecto.

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Muchos de nosotros a veces sentimos repugnancia cuando escuchamos hablar de pena de muerte, por cuanto implica quitarle la vida a un ser humano. Pero también muchos de nosotros sentimos que esa es una muy buena alternativa para muchos de los males que nos aquejan en la actualidad, para disminuir los niveles de violencia de los violentos.

Pero ¿es moralmente aceptable la pena de muerte? No digamos sí legal, porque la legalidad puede ser variable, mediante modificacion a la Constitución Política de cada país y, aunque es verdad que en América Latina son muy pocos los países que aplican la pena de muerte para delitos graves, también es verdad que podría legislarse al respecto, para que se aplicara a asesinos, a violadores, a secuestradores, o delitos similares.

¿Qué hacer antes de tomar la alternativa de pena de muerte?

En paises como Colombia los delincuentes siguen reincidiendo, matando, robando, extorcionando, etc., precisamente porque saben que la ley es muy laxa, y que el juez los va a dejar libres en gran parte de los casos. Y esa es la falla capital. Me pregunto yo si es que los dirigentes del país se sienten bien con todo esto, si crear ese ambiente de miedo, de desazón en el colectivo es lo que se proponen. Uno muchas veces tiene miedo de salir a la calle, uno no sabe en qué momento pueda llegar su muerte por un acto violento, por un atraco, etc.

¿Qué hacer entonces? Ya vimos que el primer factor que origina permisividad en la violencia son las penas laxas, suaves, insignificantes, la mayor de las veces excarcelables, y que sólo en delitos graves se lleva a la persona a la carcel. Pero ¿regenera la cárcel a las personas? La respuesta es un contundente NO. Los delincuentes más bien aprenden más delincuencia de otros; es como quien va a la escuela, pero en esta caso la escuela es entre delincuentes, entonces se aprence más delincuencia, más sofistificación en el delito.

Una propuesta que me pareció interesante, aunque no se aplica, es que al delincuente debería llevársele a una granja, donde pueda estar en contacto con la naturaleza, para que trabaje la tierra, para que pueda hacer algo productivo con sus manos, para que coma de eso que siembra y cosecha; así mismo que recibiera el delincuente un tratamiento en psicología de fondo, donde se le enseñara a valorizar su simiente y a tranformar su psique. Y esto es bastante interesante, y debería hacerse a ver qué se consigue. Considero que se obtendía un resultado en un 90% favorable, con respecto a lo que consigue la cárcel.

Pero ¿para los que no funcione este procedimiento? Por supesto que sí, para ellos la pena de muerte. No puede haber evasiva ni vacilación en este sentido. Es un fruto podrido que ya no sirve para la sociedad.

La vida es sagrada

Este es un argumento que usualmente se escucha de parte de los que no están a favor de la pena de muerte; esos seudo moralistas no saben ni de qué hablan. Pero veámoslo de este modo. El agua también es sagrada, y expresión de vida. Pero un agua limpia, cristalina, apta para el consumo, capaz de hidratar sin efectos secundarios. Un agua podrida no sirve, no podemos rendirle ningún tipo de culto y debe ser desechada porque origina enfermedad.

La vida de un asesino en serie ya no es vida, porque la vida es dignidad, la vida es llenar de significado, la vida es descubrir y potenciar nuestras facultades, la vida es amar. Eso es vida. Lo contrario es sólo una cáscara vacía que se mueve, que no tiene remordimiento alguno, que no tiene valor alguno por la vida. Eso es sólo una apariencia de vida.

Cuando un individuo ha llegado a ese nivel de maldad y de degeneramiento, considero que se debe aplicar la pena de muerte. La vida, que es sagrada, no atenta contra la vida; la vida, por sí misma, busca repeler aquello que atente contra ella, porque amenaza su existencia.

Con respecto al pensamiento que sólo Dios puede dar y quitar la vida; debemos saber que es sólo un concepto, que no podemos probar la existencia de Dios y, en el caso de que exista, el ha sido el que ha profanado la vida, porque nuestra vida llega a un final, porque no tiene continuidad; porque las especies se depredan unas con otras y mueren. Desde este punto de vista, la vida no es sagrada, y sólo se lucha por la supervivencia. La misma vida lucha por su propia supervivencia, no porque Dios alguno lo ordene o lo quiera, sino porque es así.

Con respecto a los mecanismos, por supuesto, deben ser indoloros en lo más posible; así que inyección letal o cámara de algún gas indoloro podría venir perfectamente. No debe haber silla eléctrica ni horca.

La pena de muerte
febrero 3, 2014
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