Las mentiras de George W. Bush

George Walker Bush (6 de julio de 1946) fue el cuadragésimo tercer Presidente de  Estados Unidos de América, desde el 20 de enero de 2001, hasta el 20 de enero de 2009. En los cargos que ocupó antes de llegar a ser “el hombre más importante del planeta”, como algunos enceguecidos del sistema denominan a los mandatarios estadounidenses, demostró su simpatía por la reelección, siendo dos veces gobernador del estado de Texas y dos veces dirigente nacional. Algo parecido a un “amigo colombiano”, de origen paisa.

Precisamente, en este aspecto político, surge una serie de cuestionamientos, producto de comparar  los hechos reales, con la idea que se pretende incrustar en el pensamiento de las masas y, como consecuencia, la ejecución de ciertas decisiones convenientes, manipuladoras, imponentes y soberbias, que constituyen  el contexto  de los últimos años, no sólo de Estados Unidos, sino del mundo entero.

Esta incongruencia aflora en el año 2000, cuando la mayoría de ciudades de Estados Unidos, apoyaba la candidatura de Al Gore a la presidencia, como Florida, Nueva York, Nueva Jersey, Oklahoma y como en muchos otros lugares,  al notar que gracias a ciertos trucos y movimientos estratégicos, evidenciados en la influencia de los medios de información, en este caso, ‘Fox News’, canal que, supuestamente, por equivocación, comunicó de manera errónea las encuestas electorales y lideró una gran mentira mediática, llevaron al triunfo a George Bush.

Lo que la mayoría de la gente no sabe, es que quien dirigía dicha cadena de noticias, no es ni más ni menos que el primo del protagonista de esta “historia”, John Dennis. ¿Coincide con la voz del pueblo? “Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”.

Lo increíble de todo esto  es que, al parecer, Al Gore jugó para el mismo equipo fraudulento. Es decir, fue cómplice del embuste. El día en que la sesión conjunta de la Cámara de representantes y el Senado iban a confirmar el resultado de las elecciones, Gore, en calidad de vicepresidente saliente y presidente del Senado, condujo el acto oficial que proclamaría a George W. Bush, nuevo presidente.

El reglamento hacía especial hincapié en que si un congresista quería impugnar los resultados, debía contar con el respaldo por escrito de al menos,  un senador. La mayor parte de los representantes, quienes son afroamericanos,  firmaron el desacuerdo, pero ningún senador lo hizo. Gore, quien presidía la reunión, fue ordenando a los ponentes de la Cámara, uno tras otro, ir a su silla y callarse.

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El día de la investidura de Bush, miles de estadounidenses se lanzaron a las calles de Washington, en un último intento para reclamar por lo que  se les había arrebatado. Arrojaron huevos a la limusina del mandatario y consiguieron detener el ‘Desfile de investidura’. El plan tradicional de que el nuevo presidente caminara hacia la Casa Blanca fue descartado, por obvias razones. Ningún otro presidente había tenido que atravesar  por semejantes circunstancias.

Un año y nueve meses después de su posicionamiento, ocurre una de las catástrofes más recordadas de la historia, en la actualidad: ‘los ataques al Pentágono y al World Trade Center’, el 11 de septiembre de 2001, donde murieron más de 3000 personas. De dicho atentado terrorista, el gobierno de ese entonces acusó directamente al grupo armado saudí, ‘Al Qaeda’.

Tal organización es dirigida por Osama Ben Laden, “el criminal más buscado por Estados Unidos”. Pero esto tampoco coincide con lo real, pues de ser así, hubieran detenido a 20 familiares de dicho individuo, cuando intentaron salir del país, la noche de los trágicos acontecimientos. Pero claro, ¿cómo los iban a detener, si iban protegidos por la CIA?

Si escudriñamos más factores sospechosos, nos encontramos con una diversidad de hechos y circunstancias sin sentido. Resulta paradójico que varias investigaciones revelen que la familia Ben Laden, mantuvo relaciones de negocios con la familia Bush, y más aún, que el abogado de esta última, también es el de la otra; sin embargo, estos aspectos han sido inteligentemente ocultados.

Por ejemplo, en el historial original de la carrera militar del señor Bush, que con mucha suerte y sobre todo, profesionalismo, logró obtener Michael Moore, un periodista investigativo, autor del documental ‘Fahrenheit 911’, el cual evidencia algunas de las acusaciones manifestadas en este escrito, figura el nombre de James Bath, el famoso abogado, anteriormente mencionado. Pero curiosamente, luego de los atentados a las Torres Gemelas, dicho nombre fue borrado del historial.

¿Acaso no es sospechoso que nunca haya querido programar una reunión, desde que obtuvo el cargo, para discutir la amenaza de terrorismo con su responsable de lucha antiterrorista? ¿Acaso la reducción de fondos para la lucha antiterrorista del FBI, no pone a dudar a cualquiera? Ignorar el informe que le entregó el FBI, el 6 de agosto de 2001, donde se decía que Osama Ben Laden estaba planeando atacar Estados Unidos, secuestrando aviones, deja al descubierto las intenciones de George.

Y por si fuera poco para agregar a la cuenta, esto es tan sólo el comienzo de varios episodios fatales, horrendos y mortales para el país del Tío Sam y, no siendo extremista, se puede afirmar que para la humanidad entera. Pues basta con fijarnos en la cifra de víctimas que han sido asesinadas, literalmente, por el gobierno de un personaje que carece de escrúpulos, cuyo trabajo consiste en aparentar, bajo la idea de “o con nosotros o contra nosotros”.

Escrito por: Diego Felipe Baquero R.

Las mentiras de George W. Bush
mayo 1, 2015