Propiedades del texto

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Quizás, antes de definir cada una de las distintas propiedades inherentes al texto, sea necesario recordar cuál es la propia definición de texto, el cual es visto por la Lingüística como una unidad compleja de comunicación, la cual nace expresamente de la intención de un hablante por comunicar a un receptor o grupo de receptores un mensaje específico, dentro de un contexto determinado.

Características del texto

Así mismo, la Lingüística señala que un texto no sólo debe nacer de un hablante en una situación comunicativa concreta, sino que debe tener un sentido completo, es decir, que el mensaje emitido por el hablante sea autónomo e independiente en términos lingüísticos, poseyendo un cierre semántico y un sentido propio, que venga a clasificarlo como el producto y objeto de un acto comunicativo. De igual forma, la Lingüística ha señalado que se considera como texto todo mensaje con sentido, emitido por un hablante, bien sea de forma oral como escrita, aun cuando esta disciplina siempre le da prioridad a la realización verbal de la Lengua, por medio del habla, asumiendo la escritura como un registro secundario del Lenguaje. Sin embargo, en términos discursivos, tanto los mensajes orales como escritos son tomados como textos.

Propiedades del texto

Por su parte, las Propiedades del Texto pueden ser definidas como aquellos elementos fundamentales de estas entidades comunicativas de sentido complejo y autónomo, las cuales cuentan con la función esencial de dotar al texto de dicho sentido. De esta forma, sin las Propiedades del Texto, éste no cumpliría con su cometido de tener una naturaleza semántica, que le permitiera erigirse como objeto de un acto comunicativo.

Así mismo, la Lingüística ha determinado que estas Propiedades del Texto son básicamente tres: Cohesión, Coherencia y Adecuación, mecanismos que hacen que un texto sea mucho más que un conjunto de palabras, sino que pueda constituirse como un grupo ordenado de palabras, dispuestas sintáctica y semánticamente, para conformar entidades de sentido que permitan la comunicación entre un hablante-emisor y un hablante-receptor.

En este sentido, resulta pertinente explicar cada una de estas propiedades, a fin de entender sus mecanismos y campos de acción dentro del propio texto. A continuación, entonces, una breve explicación sobre cada una de las distintas Propiedades del Texto:

Cohesión

La Cohesión puede ser definida como la Propiedad del Texto que se encarga de que exista relación sintáctica entre las distintas oraciones que conforman un texto, bien si este es oral o escrito. En este sentido, la Cohesión se encuentra estrechamente relacionada con las funciones sintácticas y gramaticales, que hacen que cada palabra se superponga de forma adecuada, respondiendo correctamente a sus funciones determinadas. Al respecto, la Cohesión se erige entonces como una Propiedad del Texto que se vale de varios mecanismos, que le ayudan a cumplir con su cometido, entre los cuales se destacan algunos como los siguientes: repetición léxica, sustitución, elipsis, uso de distintos marcadores discursivos, deixis, entre otros.

Coherencia

Por su parte, la Coherencia está más relacionada con los aspectos semánticos del texto, ocupándose de que un enunciado no sólo cuente con el orden y la adecuada sintaxis, sino que cada una de las palabras elegidas para su conformación posean una relación lógica entre ellas, garantizando así que el texto se erija como una entidad compleja comunicativa con sentido completo y autónomo.

Al igual que la Cohesión, la Coherencia hace uso de ciertos métodos y estrategias para velar por la conservación de un sentido lógico dentro del texto. De esta forma, un texto debe poseer una unidad temática, es decir, cada una de las ideas que se expresan debe guardar relación con la idea principal del texto, atendiendo además a que no se puede cambiar de tema abruptamente, sino buscar la forma coherente de poder hacerlo. En segunda instancia, el texto debe velar por lograr y mantener una estructura lógica, en donde las ideas vayan ordenándose según la intención semántica del texto, a fin de ir presentando en el orden correcto las distintas partes del texto. Finalmente, el hablante debe escoger las palabras apropiadas, es decir, aquellas cuyo significado refiera directamente al sentido que quiere expresar.

Adecuación

Finalmente, no basta con que un texto cuente con la adecuada conformación sintáctica, gramatical y semántica, también es necesario que el texto tenga relación con la situación comunicativa en la que surge, es decir, que responda al contexto comunicativo que le ocupa. En este sentido, el hablante debe tener en claro tres instancias, que le permiten dotar a su texto de la suficiente adecuación: en primer lugar, el hablante debe tener perfectamente estipulado el propósito comunicativo que persigue su texto, pues este conocimiento le hará escoger las palabras adecuadas y la entonación propicia. En segundo lugar,  el hablante debe estar totalmente claro de los roles y situación sociolingüística de su interlocutor, pues esto lo hará –a través de su competencia lingüística- escoger el registro apropiado para dirigirse a su receptor o grupo de receptores. Finalmente, si se diera el caso de una comunicación por escrito, el hablante debe saber manejar los formatos y atributos textuales, que le permitan a su idea plasmarse fielmente, si por el contrario se tratara de un texto oral, el hablante debe manejar la gesticulación y lenguaje corporal adecuado, a fin de que se relaciones coherentemente con el mensaje que desea transmitir, siendo apoyo de su texto.

Imagen: pixabay.com

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