Resumen de Vida interminable

En el ámbito de la Letras latinoamericanas, se conoce con el nombre de Vida interminable un relato, nacido de la pluma de la escritora Isabel Allende, el cual forma parte de las historias que conforman el libro Cuentos de Eva Luna, publicado por primera vez en el año 1989, por la casa editorial Plaza & Janés.

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Sinopsis de Vida interminable

Como casi todas las historias pertenecientes a este libro, Eva Luna es la voz que narra la vida y obra de los personajes sobre los que dan cuenta los relatos. Sin embargo, en casi todos los cuentos estos personajes surgen como meras excusas para representar en verdad el objeto mismo de las narraciones: los sentimientos inherentes al humano. En este sentido, en lo que corresponde directamente al cuento Vida interminable, su autora construye un paisaje donde el amor es el protagonista, sorteando las dificultades de los años, y enfrentándose finalmente con el sentido de la supervivencia, llegando así a un final abierto en donde nunca se podrá saber cuál de los dos sentimientos –amor o deseos de vivir- está destinado a ganar.

Así, Vida interminable es una mera excusa para colocar sobre la mesa temas profundamente humanos como el Amor, la Vida, la Muerte, la Eutanasia y el instinto de Supervivencia, sin presentar una respuesta, sólo formular preguntas, que terminan por quedar suspendidas en el interior del lector, para que en soledad cada quien saque sus propias conclusiones.

Resumen de Vida interminable

La historia comienza con una narradora –la propia Eva Luna- que divaga sobre la naturaleza de las historias, y cómo estas pueden tener diferentes motivos, orígenes y carácter. Así mismo, continúa su relato haciendo referencia a sus protagonistas: Ana y Roberto Blaum, dos europeos judíos que se conocieron, en un concierto, en los meses inmediatamente anteriores al estallido de la Segunda Guerra Mundial, cuando Roberto se encontraba estudiando Medicina, y Ana ejercía como violinista.

De acuerdo a la narradora, fue la música la que los unió y les dio oportunidad de conocerse. Bastaron cuatro frases para que Ana comprendiera que estaba destinada a ese joven, quien se había enamorado profundamente de ella, unas semanas atrás cuando asistió a verla tocar su violín. Sin embargo, los horrores de la Guerra irrumpieron en los planes de boda, y a la pareja no le quedó otra salvación que embarcarse en un transoceánico que partía de Europa, rumbo a tierras más amables, en donde no quisieran borrar la raza judía de la faz de la tierra.

Sin embargo, el propósito de la tripulación judía no se cumplió tan rápida, pues tuvieron que navegar sin rumbo durante dos años, puesto que ninguna nación les permitía refugiarse en ella. Así poco a poco las aguas fueron acercando la embarcación, que cada día parecía sucumbir más a los estragos de la humedad y el tiempo, hacia el Caribe. Un día, decidieron anclar en una bahía para descansar un rato, sin sospechar que el barco no volvería a recobrar su marcha nunca más.

La Guardia costera de ese país tropical los instó a moverse y abandonar sus costas, pero cuando se enteraron de la historia de sus tristes tripulantes, les dieron ánimo, permitiéndoles descansar en sus aguas unos días. Sin embargo, cada uno de los tripulantes tomó la decisión de internarse en esa vegetación y sacudirse los años de tristeza y humedad que un viaje sin sentido les había dejado en la ropa, el pelo y el alma. Ana y Roberto hicieron lo mismo, y en poco tiempo encontraron una casita de pensión pobre en donde refugiarse. Se alimentaron por años de café y bananas, mientras Ana cosía para ganarse la vida y Roberto retomaba sus estudios de Medicina. En las noches, cuando la luz y los ojos no daban para más, Ana tocaba el violín y Roberto la escuchaba en ese hermoso ritual con el que se acostumbraron a cerrar sus días.

Rápidamente, Roberto se puso al día en sus estudios, se gradúo de médico y comenzó a cosechar una carrera prominente, la cual junto a la bondad de su esposa les fue construyendo un escudo de protección en ese barrio pobre, que con los años se convirtió en hogar de traficantes y prostitutas, sin embargo existía una convención social en donde todos sabían, incluso la Policía, que Ana y Roberto eran intocables. Los años habían servido para atribuirles ese rango. Sin embargo, todavía faltaban los escándalos producidos por los libros que empezaría a publicar Roberto, como resultado de sus largos años como médico.

El primero de ellos, eran las conclusiones a las que Roberto había llegado después de ver morir a cientos de pacientes, pensando que la función del médico debería ser la de atenuar y ayudar en la muerte del enfermo, no en la prolongación de su sufrimiento, cuando ya la cáscara del cuerpo se torna inservible y no le sirve a esa alma que urge por regresar al cosmos. Esta libro causó un  gran revuelo en la sociedad, la cual se polarizó, haciendo que algunos amaran a Roberto, y otros lo odiaran.

Cuando hubo pasado la conmoción, Roberto publicó un segundo libro en donde por el contrario exponía sus hallazgos sobre cómo algunos enfermos de cáncer morían y otros vencían la enfermedad, siendo el buen ánimo y las razones para vivir lo que marcaba la diferencia. En este sentido, Roberto también afirmaba que por lo general las personas con cáncer que tenían a quien amar eran las que se salvaban. De esta forma, el segundo libro trajo más revuelo que el primero, pues prometía la vida a cambio del amor.

Fue tanta la presión y el escándalo que se produjo a raíz de esa publicación, que Roberto le pidió a Eva, a quien llevaban años conociendo y tratando como una hija, que les consiguiera un refugio que las alejara de su casa, la cual no descansaba de periodistas, médicos, alumnos, enfermos y curiosos. Cónsonos con esa petición, Eva les consiguió una acogedora cabaña lejos de la capital, en donde Ana y Roberto comenzaron una vida que cada vez se tornaba más solitaria, al punto de que la misma Eva entendió el deseo de estar solos, el uno con el otro, por lo que decidió no regresar, para no molestar, y simplemente comunicarse por teléfono.

Cuando hubo pasado un año, una llamada le reveló la verdad. Se desplazó desde la capital hasta la cabaña de Roberto y Ana. Al entrar encontró a Ana en la cama, con la misma inocencia que tuvo en vida. Una carta de Roberto contaba cómo durante el último año se habían dedicado a amarse, pero el cáncer de Ana ya se encontraba en etapa terminal, así que habían decidido morir juntos, para que sus espíritus permaneciera así. Ana yacía muerta y perfectamente arreglada sobre la cama, pero Roberto no estaba. Eva lo buscó hasta hallarlo llorando en una habitación detrás de la cocina. Con mucha tristeza le contó cómo había preparado todo y le había suministrado el veneno a su mujer, sin poder hacer lo mismo con él, razón por lo cual había llamado a Eva, pues era la única persona a quien podía pedirle ayuda, para que lo ayudara a morir.

Imagen: pixabay.com

Resumen de Vida interminable
octubre 26, 2016

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